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El cambio del “todo incluido” al “a tu medida” y su impacto en el sector legal

Vivimos en un mundo donde nada dura lo que duraba, nada funciona como antes.

Eso ha generado que vivamos en una sociedad con mucha incertidumbre, esa falta de certeza hace que todos tratemos de adivinar qué va a pasar o que escuchemos a esos expertos que por lo general siempre fallan.

Estos días escuché una frase que resume perfectamente este momento “Todo está cambiando y tenemos que adaptarnos.”. Y sí, está afirmación tiene todo el sentido, tiene razón, porque pretender entender el mundo actual con los mismos modelos mentales de hace años, es como intentar predecir el clima mirando el cielo por la ventana.

Antes, uno compraba un tiquete aéreo y venía con “todo incluido” maleta, una buena comida y un asiento grande y cómodo.

Hoy, podemos elegir lo que queremos y necesitamos, el precio básico del tiquete cubre lo esencial y cada uno decide que agregar de acuerdo con sus necesidades y prioridades.

Esta flexibilidad nos permite pagar solo por lo que realmente usamos o necesitamos. Podemos disfrutar de un viaje hecho a nuestra medida y sentir satisfacción porque lo que realmente estamos pagado.

En los gimnasios pasa igual: uno paga la mensualidad, pero si queremos clases, entrenador o un empujoncito moral, eso es adicional.

Lo mismo está pasando con los bancos, las plataformas de transportes, los hoteles e incluso con los restaurantes.

Todos entendieron que ya no buscamos “el paquete completo”, queremos pagar por lo que de verdad nos interesa, por lo que realmente nos agrega valor.

Y entonces miramos el sector legal y parece que el reloj se detuvo. Seguimos pensado y midiendo todo en horas, y no siempre la calidad del trabajo se mide en minutos, sino en el impacto real que entregamos a nuestros clientes.

Hoy queremos comprar claridad, soluciones, prevención y resolución de problemas, queremos comprar tranquilidad.

Igual que en el gimnasio, uno no paga por ver máquinas, paga por sentirse mejor o por la ilusión de que este año sí va a servir pagar la membresía mes a mes.

Además, estamos en un mundo donde equivocarse no es el problema, el problema es no aprender de los errores.

Lo vemos a diario, expertos, gurús y hasta aplicaciones que fallan prediciendo lo más sencillo, lo más simple. Y si ellos fallan, ¿qué nos queda a nosotros los mortales? El mundo actual exige pensar distinto y eso implica cuestionarse.

Cuestionarnos cada vez más, ser menos impulsivos, y, sobre todo, dejar de asumir que lo que funcionaba antes seguirá funcionando ahora.

El sector legal es un buen ejemplo de esos hábitos y tiene la oportunidad, además de la responsabilidad de replantearlos y explorar nuevas estrategias.

En este mundo cambiante, los modelos mentales también deben cambiar. No se trata de inventar nada, solo aceptar la realidad.

El cliente no quiere adivinar cuánto le costará un problema, quiere saber qué impacto tiene y por qué es valioso lo que está pagando.

Lo mismo pasa con las aerolíneas, los gimnasios y las plataformas, todos han entendido que el valor está en el resultado y no en el paquete, las firmas de abogados también debemos replantear como ofrecemos nuestro valor.

Es un ejercicio de honestidad, ¿Dónde está nuestro valor? ¿Cómo ofrecer al cliente nuestro criterio de forma eficiente?

El mundo no se volvió más simple, se volvió más rápido. En un entorno así, los modelos que no se ajustan a los cambios, no sobreviven.

Cambiar significa reconocer que nuestros clientes viven en medio de incertidumbre, ruido y cambios constantes. Lo último que necesitan es una factura que parece un código secreto.

Entonces la frase que escuché era cierta, todo está cambiando.

Lo más inteligente no es resistirnos, sino pensar diferente, pensar mejor y saber soltar lo que ya no se ajusta a la realidad.

Porque si el mundo está pasando la página, no podemos seguir leyendo el capítulo anterior.

Autor:

Liliana Isabel Largo Duque

Publicado: jueves 5 de marzo de 2026/ Asuntos legales / La República 

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